De mirar a medir: los números que están cambiando cómo se lee el cerebro

Durante décadas, leer una resonancia o un PET cerebral ha sido, sobre todo, cuestión de ojo clínico. Un especialista mira la imagen y valora si hay atrofia, lesiones o acumulación de proteínas. Esa mirada experta sigue siendo imprescindible, pero ya no está sola: hoy la misma imagen puede convertirse en un número que se compara con lo esperable para la edad del paciente y que se sigue en el tiempo.
Qubiotech, una spin-off nacida en 2014 en el Hospital Clínico de Santiago, lleva más de una década trabajando en ese cambio. Su software, Neurocloud, analiza estudios de neuroimagen y devuelve en minutos un informe con medidas objetivas. Hablamos con Manuel Muñoz Iglesias, su director comercial, sobre qué cambia cuando la imagen médica pasa de mirar a medir y por qué el momento del Alzhéimer lo hace más urgente que nunca.
Quién es y qué es Qubiotech
Manuel Muñoz Iglesias
Director Comercial de Qubiotech
Químico por la Universidade da Coruña, con más de quince años en el sector sanitario. En Qubiotech desde 2020.
¿Quién eres y cómo acabas dedicándote a esto?
Soy Manuel Muñoz Iglesias, director comercial de Qubiotech. Me formé como químico en la Universidade da Coruña, pero mi carrera ha ido por el lado comercial: llevo más de quince años en el sector sanitario, primero en dermocosmética en farmacia con el grupo L'Oréal y después en nutrición clínica con Abbott, ya en contacto directo con hospitales y profesionales sanitarios.
En 2020 me presentaron Qubiotech y me pareció un proyecto único: una start-up en mi propia ciudad, con una tecnología nacida dentro de un hospital y un objetivo muy claro, ayudar al médico a tomar mejores decisiones. En aquel momento se empezaba a hablar con fuerza de herramientas de apoyo al médico y ya se intuía la revolución que estamos empezando a vivir ahora. Quise aportar mi experiencia a algo que estaba convencido de que iba a ser decisivo.
Para alguien de fuera del sector, ¿qué hace Qubiotech y qué problema le resolvéis a un médico en su día a día?
Qubiotech nació en 2014 como spin-off del Instituto de Investigación Sanitaria de Santiago, dentro del grupo de Imagen Molecular del Hospital Clínico de Santiago. Desarrollamos Neurocloud, un software que analiza automáticamente estudios de neuroimagen (resonancias, PET y SPECT cerebrales) y devuelve en minutos un informe con medidas objetivas.
Hoy un médico mira esas imágenes y hace una valoración experta, pero en buena parte visual. Nosotros le damos números: cuánto ha perdido de volumen una región del cerebro respecto a lo esperable para su edad, cuánta proteína amiloide hay acumulada o cuántas lesiones nuevas han aparecido desde la última prueba. Es una segunda opinión objetiva que se integra en su flujo de trabajo sin cambiar su forma de trabajar.
De mirar a medir
¿Qué cambia cuando una imagen médica deja de interpretarse solo a ojo y se puede cuantificar?
Cambia que una impresión se convierte en un dato. "Parece que hay algo de atrofia" pasa a ser "este hipocampo está por debajo de lo normal para una persona de su edad, y esto es cuánto". Así, dos médicos distintos, o el mismo médico en días distintos, parten de la misma referencia.
Se detectan cambios sutiles que al ojo le cuesta ver, sobre todo en fases tempranas. Y ese dato se puede comparar, guardar y seguir en el tiempo. No sustituye la mirada del especialista, pero la hace más sólida.
"Una impresión se convierte en un dato. No sustituye la mirada del especialista, pero la hace más sólida."
¿Qué limitaciones tiene hoy la forma tradicional de leer estas pruebas?
La lectura visual depende mucho de la experiencia de quien la hace. Un especialista con años en un centro de referencia no ve lo mismo que un profesional que recibe pocos casos de este tipo, y eso genera desigualdad entre hospitales.
Además, hay casos frontera, en el límite entre lo normal y lo patológico, donde la interpretación visual es especialmente difícil y la variabilidad entre lectores es mayor. Y está la presión asistencial: cada vez hay más estudios y no hay más especialistas para leerlos.
¿Qué aporta al paciente poder medir cómo evoluciona una enfermedad a lo largo del tiempo?
Muchas de estas enfermedades avanzan despacio, y la pregunta clave no es solo "¿qué tiene?", sino "¿está empeorando?" y "¿está funcionando el tratamiento?". En esclerosis múltiple, por ejemplo, saber con precisión si han aparecido lesiones nuevas entre dos resonancias puede motivar un cambio de tratamiento.
En Alzhéimer, medir el ritmo de pérdida de volumen cerebral o cómo baja la carga de amiloide con un fármaco ayuda a tomar decisiones con más fundamento. Comparar números es mucho más fiable que comparar dos impresiones separadas por meses o años.
El momento del Alzhéimer
¿Cómo está cambiando el diagnóstico del Alzhéimer con la llegada de nuevos tratamientos y nuevas pruebas?
Estamos en un punto de inflexión. En Europa ya se han autorizado los primeros tratamientos dirigidos contra la proteína amiloide, indicados para fases tempranas de la enfermedad. Para usarlos hay que confirmar que esa proteína está presente y, después, vigilar al paciente con resonancias periódicas por posibles efectos adversos.
Al mismo tiempo están llegando pruebas en sangre que ayudan a seleccionar a quién hacer estudios más completos. Todo esto hace que la imagen pase de ser una ayuda al diagnóstico a una pieza central del proceso, y ahí la cuantificación es imprescindible. Un ejemplo es la escala Centiloide, un estándar internacional que permite expresar la carga de amiloide con un número comparable entre centros y equipos.
¿Qué valor tiene hoy un diagnóstico temprano para un paciente y su familia?
Hay que ser prudentes: los nuevos tratamientos no curan y no son para todos los pacientes. Aun así, un diagnóstico temprano y preciso tiene mucho valor. Abre la puerta a tratamientos que solo tienen sentido en fases iniciales y a ensayos clínicos, y permite descartar otras causas de deterioro que sí pueden tratarse.
También da tiempo a la persona y a su familia para planificar decisiones legales, económicas y de cuidados cuando todavía puede participar en ellas. Para muchas familias, poner nombre a lo que está pasando pone fin a años de incertidumbre.
"Para muchas familias, poner nombre a lo que está pasando pone fin a años de incertidumbre."
Dentro del hospital

¿Cómo entra una tecnología así en un hospital y cuáles son los principales frenos?
Técnicamente, de forma casi invisible: los estudios se envían desde el equipo de imagen o desde el sistema de archivo del hospital, se analizan automáticamente y el informe vuelve al circuito habitual. Puede funcionar en la nube, instalado dentro del propio hospital o de forma mixta.
Los frenos reales rara vez son clínicos. Son la integración con los sistemas informáticos y los requisitos de ciberseguridad, que son exigentes y con razón. También pesan los procesos de compra pública, que son lentos, y el cambio de hábitos: un servicio tiene que ver con sus propios casos que la herramienta le aporta algo. Por eso casi siempre empezamos con un periodo de prueba con datos reales del centro.
¿Cómo se protege la privacidad de los datos de los pacientes?
Es un requisito de diseño, no un añadido. Incluso cuando el análisis se hace en la nube, ningún dato que permita identificar al paciente sale del hospital: las imágenes se anonimizan antes de salir y el resultado se vuelve a asociar al paciente dentro del propio centro.
Además, Neurocloud es un producto sanitario con marcado CE y trabajamos bajo un sistema de calidad certificado según la norma ISO 13485, lo que implica controles estrictos sobre cómo se desarrolla y se mantiene el software.
Límites y futuro
¿Qué se está exagerando hoy cuando se habla de IA en salud y qué se está contando poco?
Se exagera la idea de que la IA va a diagnosticar sola o a sustituir a los médicos. No es así, ni debería serlo: estas herramientas apoyan una decisión que sigue siendo del especialista.
Se cuenta poco lo que hay detrás de que una herramienta funcione de verdad en un hospital: validarla con pacientes reales, que dé resultados consistentes con equipos de distintos fabricantes, disponer de bases de datos de referencia bien construidas e integrarla sin añadir trabajo. Y también se cuenta poco que no todo tiene que ser IA: parte de lo que hacemos se basa en métodos estadísticos consolidados, que en algunos casos son la opción más robusta y más fácil de explicar.
¿Qué viene ahora para vosotros?
Estamos presentes en más de 40 centros de España, Portugal e Italia, y trabajamos en la obtención de la autorización de la FDA para entrar en Estados Unidos. En lo clínico, nuestra prioridad es acompañar la llegada de los nuevos tratamientos del Alzhéimer, con cuantificación de amiloide estandarizada y herramientas de apoyo para vigilar en resonancia los efectos adversos de estos fármacos.
También desarrollamos nuevos biomarcadores para detectar antes el deterioro cognitivo leve y modelos para predecir cómo progresará la enfermedad, y seguimos avanzando en epilepsia y otras patologías cerebrales, siempre de la mano de hospitales y grupos de investigación.
Me gustaría que quedara claro que Neurocloud es una herramienta de apoyo: el diagnóstico lo hace siempre el médico, integrando la imagen con la clínica del paciente y otras pruebas. Los números no sustituyen al criterio clínico, lo refuerzan.
"Los números no sustituyen al criterio clínico, lo refuerzan."