Sanidad privada: por qué las fallas públicas no la impulsan

Los tropiezos de la sanidad pública no impulsan automáticamente a la privada, sino que erosionan la confianza general en el sistema sanitario en su conjunto. Esta es la tesis que defiende Luis de Haro, director general de iSanidad, en un artículo de opinión publicado este 6 de agosto. El texto desmonta la idea extendida de que el deterioro de la sanidad pública funciona como un resorte para la actividad de hospitales y aseguradoras privadas, una lectura que comparte José Manuel Baltar, presidente de la patronal ASPE (Asociación de Empresas de Salud).
El argumento llega en un momento de máxima tensión para el sistema. Las listas de espera persisten, la presión asistencial crece y la disponibilidad de profesionales se estrecha. De Haro no entra en el debate ideológico sobre qué modelo es superior. Apuesta, en cambio, por una gestión eficiente de todos los recursos disponibles y por definir con nitidez qué hace cada sector.
Sanidad pública como eje, privada como complemento operativo
De Haro traza una división de roles clara. La sanidad pública es el eje central del sistema. Garantiza el acceso universal y la equidad, y asume la mayor carga asistencial, especialmente en procesos complejos y de larga duración.
La sanidad privada, por su parte, actúa como complemento operativo. Aporta capacidad adicional en pruebas diagnósticas y cirugías programadas. Ofrece flexibilidad organizativa y mejora la accesibilidad para determinados usuarios.
Esta distinción no es nueva, pero cobra relevancia en el contexto actual. La saturación del sistema público ha reabierto el debate sobre si la privada debería asumir más peso o, por el contrario, si su crecimiento responde a un fallo estructural del primero. De Haro descarta ambas lecturas binarias: no se trata de sustitución, sino de articulación.
La confianza del paciente no se divide por sectores
El artículo incide en un efecto que los análisis de mercado suelen pasar por alto. Cuando el sistema público tropieza, el perjuicio no queda confinado en la esfera administrativa. Se traduce en una pérdida de confianza generalizada que afecta también a la percepción de la sanidad privada.
Para los grupos hospitalarios y aseguradoras, esto tiene una implicación directa. Un paciente que espera meses para una operación o que no encuentra cita en su centro de salud no migra automáticamente al privado con entusiasmo. Lo hace, en muchos casos, con frustración acumulada y una visión deteriorada del conjunto del sistema. Esa percepción influye en la disposición a contratar seguros, en la valoración de la marca de un hospital y en la relación con los profesionales.
La posición de ASPE, representada por Baltar, apunta en la misma dirección. La patronal lleva años defendiendo que la sanidad privada no es una alternativa residual, sino una pieza estructural del sistema. Sin embargo, su integración efectiva requiere marcos de colaboración definidos, no una competencia por el descontento público.
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De la confrontación a la integración: el desafío de la gestión
El texto de De Haro desplaza el foco del debate. Deja de lado la pregunta "¿público o privado?" para plantear otra: "¿cómo se gestiona todo junto?". La integración de ambas capacidades es, según el autor, la única vía para responder a la saturación sin degradar la calidad asistencial.
Esta perspectiva tiene eco en las conversaciones que grupos como Quirónsalud, HM Hospitales o Vithas mantienen con las administraciones en distintas comunidades autónomas. La concertación de servicios, las derivaciones para cirugías programadas y la externalización de pruebas diagnósticas son fórmulas ya en uso, pero con resultados desiguales dependiendo de la región.
El reto no es técnico, sino de gobernanza. La falta de marcos estables dificulta la planificación a medio plazo para los grupos privados y perpetúa la incertidumbre en el público. De Haro no detalla propuestas concretas, pero su diagnóstico apunta a una necesidad: pasar de la confrontación a la coordinación.
¿Qué implica esto para los actores del sector?
Para los gestores hospitalarios, el mensaje es que el crecimiento sostenible no llegará por el deterioro del vecino. Los fondos de inversión y private equity que han entrado en el sector sanitario español en los últimos años, con operaciones como la adquisición de Hospital de Madrid por CVC o la expansión de Helios (Fresenius) en el mercado ibérico, operan con modelos de negocio que dependen de la percepción de calidad y de la estabilidad regulatoria.
Para las aseguradoras y mutuas, la implicación es similar. La venta de pólizas de salud crece cuando el usuario percibe valor diferencial, no cuando el sistema público le empuja por desesperación. Los datos de UNESPA y ICEA muestran que la penetración del seguro de salud en España ronda el 25% de la población, pero la tasa de crecimiento se ha moderado en los últimos ejercicios. La conversión de insatisfechos del público no es un motor fiable de negocio.
El artículo de De Haro, en definitiva, plantea una lectura que incomoda a quienes prefieren el enfrentamiento ideológico. La sanidad privada no gana cuando la pública pierde. Ambas pierden cuando el sistema en su conjunto deja de generar confianza.
Preguntas frecuentes
¿Qué porcentaje de la población española tiene seguro de salud privado?
Según datos de UNESPA e ICEA, la penetración del seguro de salud en España se sitúa aproximadamente en el 25% de la población, lo que representa a uno de cada cuatro españoles.
¿Qué papel desempeña ASPE en el sector sanitario privado?
ASPE (Asociación de Empresas de Salud) es la principal patronal del sector sanitario privado en España. Su presidente, José Manuel Baltar, ha defendido públicamente que la sanidad privada es una pieza estructural del sistema, no una alternativa residual.
¿Qué tipo de servicios suele asumir la sanidad privada como complemento del sistema público?
Principalmente pruebas diagnósticas y cirugías programadas, además de ofrecer flexibilidad organizativa y mayor accesibilidad en determinadas áreas asistenciales.
Información publicada originalmente por iSanidad.